Suben a 16 los cadáveres hallados entre bolsas en Bello, Antioquia.

12 Mayo, 2020

Por ANÁLISIS URBANO

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MEDELLÍN.- La desaparición forzada ha dado muestras de otras prácticas violentas en la guerra urbana que vive actualmente el municipio de Bello, Antioquia; la tortura y el desmembramiento han sido los móviles recurrentes en estos casos que hoy ya suman dieciséis.

Estos han sido los casos reseñados por la Agencia de Prensa Análisis Urbano a la fecha:

Cadáver de un hombre fue lanzado desde un vehículo a una calle del barrio Niquía, en Bello.

En el barrio Buenos Aires, de Bello, hallaron otro cadáver desmembrado; van 51 homicidios.

Yulián Londoño fue el hombre desmembrado, embolsado y arrojado en una quebrada de Bello.

En video | Capturados llevaban 3 cadáveres en un vehículo en Bello; van 50 homicidios en ese municipio.

En Bello dejan los cadáveres botados en la vía, en quebradas, en pastizales, como si nada.

Hallan el cadáver de un hombre en la quebrada La García, de Bello, Antioquia.

CTI exhuma cadáveres de 2 menores que desaparecieron en Medellín y Bello, Antioquia.

En zona rural de Bello hallaron el cadáver de John Sebastián Zapata.

Identificado el hombre que fue hallado muerto en la cajuela de un auto en el municipio de Bello.

La guerra que se reactivó a comienzos de enero de 2020 es la continuación de la que ya se traía desde 2019 y que inició el 9 de febrero con la masacre en la que murió Mauricio Arias Guerrero, alias Guerrero, un importante hombre en la jerarquía de la estructura criminal Pachelly; además, fueron asesinados Eduard Hildebrando Sierra Clavijo y Mauricio Hernández Guerra.

Esa guerra que dejó aproximadamente 105 homicidios, un número aún indeterminado de heridos y de desapariciones forzadas, terminó, temporalmente, el 26 de agosto de 2019 con la tregua criminal que realizaron El Mesa, Niquía-Camacol y Pachelly. Esta fue anunciada públicamente por la Agencia de Prensa Análisis Urbano el 28 de agosto: «Estructuras criminales anuncian tregua en Bello, norte del Valle de Aburrá», con la salvedad de que en la noche del 27 de agosto aparecieron mensajes anunciando que no habría más muertos, al menos no por cuenta de la guerra que tenía enfrentado a Pachelly contra El Mesa y Niquía-Camacol. «Se le informa a toda la comunidad bellanita que a partir de la fecha: agosto 27 de 2019, se para el conflicto en dicho municipio entre las estructuras criminales. Para que toda la comunidad esté tranquila. Paz en Bello», decía el mensaje.

En el artículo publicado el 22 de agosto, titulado: «En Bello no pasa nada», advertimos que llegaba la pacificación al municipio y que la tregua era una realidad. «A la fecha que se escribe este artículo van 105 homicidios registrados —85 más que en el mismo periodo de 2018—, sin embargo, ha empezado a presentarse una reducción sustancial en las muertes violentas; la confrontación armada está menguando, lo que significaría que la institucionalidad ajustó el plan de seguridad y asfixió a las bandas que están en pugna o que hubo una tregua criminal. La mediación de poderosas estructuras criminales estaría forjando este acuerdo y la disminución en homicidios y confrontaciones militares así lo dejan entrever. No se puede olvidar que en el transcurso de este conflicto ya se había hablado de una tregua que inicialmente no se logró, pero que ahora parece que sí se materializará», informamos entonces.

La guerra que se desarrolla en la actualidad tiene un componente de violencia y criminalidad desmedida, atrocidades permanentes, un régimen del terror montado en las comunidades donde se presenta la confrontación y una institucionalidad dando palos de ciego. Nada que envidiarle a la guerra urbana de 2019.

Tema relacionado: Bello bajo fuego 2020: la guerra urbana que pudo evitarse.

Casas de tortura y pique son una realidad en Bello

No hay forma de que la institucionalidad pueda negar que en Bello las casas de tortura y pique existen. 16 torturados, algunos de ellos enmaletados, ensabanados o encostalados, otros descuartizados y unos más lanzados al río Medellín o la quebrada La García, demuestran que es una realidad, a pesar de que se quiere ocultar la gravedad del conflicto.

Para evitar que la negación oficial prime y quiera borrar de tajo lo que está pasando, volvemos y repetimos, es una guerra calcada de la anterior, donde estructuras criminales y sus protagonistas son los mismos, con algunas excepciones. Por ejemplo, ya no están alias Titi y alias El Oso, el primero asesinado en la cárcel de Cómbita, Boyacá, mientras que el segundo murió, al parecer, por un infarto.

En 2019, concretamente el 16 de julio, publicamos el artículo: «Combos de Bello estarían asesinado a sus enemigos y arrojando sus cuerpos a los cerdos».

«Las estructuras criminales que tienen su asiento en el municipio de Bello estarían asesinando a sus enemigos y arrojando sus cuerpos a los cerdos. Lo dijo en la mañana de este martes 16 de julio el gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, al término de un consejo de seguridad en el que se abordaron varios temas que involucran a esa localidad del norte del Valle de Aburrá».

Lo anterior significa que es urgente el replanteamiento de la estrategia de seguridad en Bello, los días y las noches de terror deben acabar ya, el municipio no puede repetir la historia de Buenaventura, Valle del Cauca o Tumaco, donde las casas de pique se han instalado como terror ejemplarizante.

Tema relacionado: Casas de pique o casas de tortura, terror ejemplarizante / En Tumaco hay siete «casas de pique», según la Procuraduría.

Solo una institucionalidad fuerte, que reconoce lo que está pasando y enmienda sus errores construirá nuevos caminos para llegar a la anhelada paz que tantos años lleva reclamando Bello.

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